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Debe ser un sentimiento, o una actitud: conceptualizarlo resulta muy difícil, explicarlo muy complicado, y para quien no lo siente, los esfuerzos por transmitirlo despiertan incredulidad, recelo.

¿Cómo explicarlo pues?, ¿Cómo decir que lo que hacen los demás te importa poco?, que incluso lo que tú mismo haces tampoco importa demasiado, que puedes llevar el pulsómetro las últimas cuatro salidas y no haberlo mirado ni una sola vez, qué no sabes que distancia has recorrido, que cuando ves a alguien picarse tardas en interpretar qué le está pasando. Es muy complicado.

Es, sobre todo, lo que sientes durante, y nada tiene que ver con el estrés, con superar a nadie, tampoco a ti mismo, el resultado es irrelevante porque realmente no hay resultado. Es algo alejado de la tensión, excepto cuando ésta te la envía del suelo y sus formas a través de la bici, los demás cumplen el fin primordial de estar contigo, nada más y nada menos, y da igual si te ven, da lo mismo que te miren, funciona por dentro, sacia, es completo y suficiente.

Fluye por la interacción con el suelo y con la naturaleza que te envuelve, es vista y es tacto, y es la sensación que tu cuerpo va generando mientras la conduces, a un ritmo que marca la armonía de todo ello junto, nunca el reloj, ni alguien que esprinta si te pilla despistado, ni la comparación con otro más entrenado, con mejores condicione o más habilidad, todo esto carece de importancia. Es muy difícil explicarlo, ¿es el “flow” de Mihály Csíkszentmihályi?, no lo sé, se parece, y nos echa al monte cada fin de semana.

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