El sábado también salimos en bici, para contrastar que, si algo hace excepcional un día como el viernes, son precisamente los días como el sábado. Nos mojamos como ranas, no parecía que lloviera, pero tampoco paraba, y entre la neblina y la lluvia fina nos fuimos calando sin casi darnos cuenta.

Cómo frío tampoco hizo no estuvo mal y pudimos comprobar lo bien que le está yendo tanta agua al paisaje, y que los robellones salían a tentarnos, cómo si supieran que, en bici y por senda, somos para ellos tiburones dormitando en una cueva. Habrá que volver con la cesta y la navaja, ya veremos si son tan insolentes.

El caso es que en tales circunstancias la cámara no se me ocurre cogerla, le sienta muy mal la humedad, y dado que no voy a colgar ninguna foto os dejaré una cancioncilla de Antonia Font que las inclemencias del tiempo y la profunda, aunque algo sesgada, capacidad de análisis de mi hermano Sergio me traen a la cabeza. No os preocupéis que, para bien y para mal es cortita.