Otra vez por aquí. Pasadas unas semanas desde la última entrada he encontrado la coartada para volver a escribir en la salida del sábado pasado. Estando en Morella, de vez en cuando hay que programar alguna ruta por la Tinança de Benifasà, no voy a dar ningún motivo para ello, sobran todos.

La ruta se programó bajo el signo disfrutón que vienen tomando últimamente todas. Sus ejes fueron dos formidables descensos, el primero un clásico: El Portell de l’Infern. El segundo una incógnita para nosotros: El Racó del Tabac. Entre ambos y para regresar dos ascensos terribles.

El Portell de l’Infern es un viejo conocido, quizá han pasado 20 años desde la primera vez que lo bajé, con una bici sin suspensión delantera y frenos cantiléver. Siempre es un placer rencontrarse con un viejo amigo tan fiable. Nunca defrauda este descenso de empedrados entre agujas de roca, y de pino, entre la pared y el precipicio.

El descenso de l Racó del Tabac es totalmente distinto, empieza en la línea que separa la frondosidad de las ombrías de la aspereza de la solana, cresteando pelados por encima de los 1.200 metros sobre suelo rocoso y pedregoso, hasta que deja las vistas infinitas torciendo hacia el abismo. Entonces comienza a precipitarse en una revirada senda entre bosques, desatadamente empinada y con el suelo suelto, sucediéndose infinitas revueltas, casi sin descanso hasta el final.

De las subidas casi ni hablo, mucha paciencia, mucho sudor, el culo como el de un mandril y las piernas reventadas, lo normal en estos casos. El remate es digno de una ruta como esta: el tramo final de sendero por el GR entre El Plà de les Llebres y Fredes. Al final fueron casi 11 horas y media, para algo más de 60 km. y más de 2.200 metros de ascenso acumulado, dos buenas cervezas en Fredes y un inmejorable sabor de boca.