RedP1130830

La nieve trae vida. Las nevadas de este año en Morella y su comarca han sido especialmente beneficiosas, porque han sido abundantes y porque no ha habido heladas rigurosas ni prolongadas tras las nevadas, tampoco vientos fuertes. Eso se manifiesta en una primavera desbocada, brillante, rebosante de agua clara desde cualquier rendija. Es la vida que trae la nieve. Salir en BTT ayer fue un privilegio que se asomaba en la cara de cada biker como si fuéramos críos.

Pero la nieve también se lleva vida. Quienes vamos por esos montes en mountainbike o a pie nos hemos sorprendido de la cantidad de árboles que se han quebrado cómo pajas por el peso de una nevada húmeda que superó los 60 cm. de espesor. Uno se consuela pensando que es una forma de renovación que tiene la naturaleza, muchos eran pinos altos y delgados, o ramas de encinas que se acostaban demasiado.

Aunque no todos. Con este invierno se va a un viejo compañero de intemperie, uno de los inmensos robles del “Mas de la Roca”. Ya era un gigante en las historias de nuestros abuelos, “fuerte cómo un roble” se dice, pero a pesar de su planta de titán, se reventó con la nevada como si lo hubieran dinamitado. Y es que por dentro estaba vacío, ya era muy mayor. Ahora sus enormes ramas quebradas se  alargan desplomadas en el suelo, solo queda enhiesta la base hueca del tronco, mostrando una intimidad débil de la que nada dejaba sospechar su aplomo de coloso. Somos testigos de lo que algún día tenía que pasar, hubiéramos preferido no serlo, vamos a echarlo en falta cada vez que pasemos.

RedP1130903

RetP1130939