Conozco a la última persona que nació en Torremocha, eso me contaron, y
también que sus padres fueron los últimos que habitaron aquello. Viendo lo que
queda del pueblo nadie lo diría, pero no hace tanto Torremocha aún era un
pueblo. Hoy no, hoy es un nombre en el mapa y un montón de ruinas que, en
silencio, devora la maleza.

Si alguien me pide que le diga quién soy, antes de la cuarta frase habré
dicho que soy de Morella. La mayoría lo haríamos, ¿no?, ese “de donde” es una
parte importante de nosotros, y da lo mismo en ese aspecto si uno es de
Torremocha o de Nueva York. Bueno no da igual, porque si eres de Torremocha,
tu pueblo ya no existe.

La ruta de BTT del sábado nos llevó por esos desiertos del bajo Aragón
tan cercanos, después vengo dándole vueltas a la cabeza: ¿Cuántos pueblos que conozco
voy a ver así?, alguno de mis conocidos, de mis amigos, ¿será el último de su
pueblo?. Hoy incluso es caro tener una casa en el pueblo, no es tan normal que se
abandone un pueblo hasta la ruina. Pero eso no quita para que cada vez seamos
menos gente en los pueblos, para que algunos de los que viven en pueblos de Els
Ports les alcance la melancolía presintiendo que será de sus pueblos.

Un pueblo desierto es cómo un pueblo en ruinas sin las ruinas ni la
maleza, en todo lo demás es lo mismo. Queda el pueblo en sí, un sitio, un nombre
en el mapa y unas casas. Pero cuando ya no está la gente, cuando todos los recuerdos
son lejanos y borrosos, por bonito que sea un pueblo es como un ojo de cristal,
hermoso y limpio, aunque sin vida.