Ahí mismo está, en esas dos fotos, por eso me gusta el BTT, por eso me complazco en este deslizamiento al BTT hedonista, al “enduro” si se quieren etiquetas. Y me explico: dos fotos del mismo obstáculo, el cual enlaza unos escalones bastante altos e irregulares con un giro de 90º, y es imprescindible girar, sino te vas al barranco, (eso no te conviene). Una instantánea nos muestra como lo negocia un audaz “biker”, la otra nos muestra cómo lo hace otro audaz biker. Las imágenes de ciclistas, las formas de proceder de sus protagonistas, sus gestos técnicos, sus posturas, suelen encerrar lecciones para quien sabe leerlas. Nótense las diferencias entre estas dos, por que ahí está la cuestión, su relación encierra una valiosa lección.

La BTT tiene la enorme ventaja de que, si un obstáculo te mira mal, simplemente lo superas andando, a ser posible con una sonrisa en la boca, (sirva esto cuesta abajo y también cuesta arriba). Tal ventaja se hace mucho más clara y evidente cuando uno sale en bici con el trascendental objetivo de disfrutar.

Y nótese que, precisamente, buena parte de la potencia de la idea viene al combinar una actividad riquísima, como el BTT, practicada en un entorno propicio, y con una adecuada mentalidad. Llegados a este punto ni siquiera la forma física es determinante, puesto que el fin último, disfrutar, es alcanzable en BTT sea cual sea tu condición física y tu nivel técnico, siempre y cuando tu mentalidad sea la adecuada.  Y en esto, discretamente, entre nuestros compañeros, conviven los auténticos maestros. Las mejores lecciones de BTT, las que mejor nos acercarán al único fin sostenible e irrenunciable, (disfrutar), las más de las veces no se plasman en las fotos más espectaculares, si no que están ahí al lado, fuera del poster, sonriendo.