Sobre todo después de un verano como este: tórrido hasta lo inverosímil, largo,  … cuesta encajar el otoño, cuesta encajarse en él. Ya han amanecido las primeras escarchas, y en dos días pasas de la manga corta al forro polar. Todo esto lo que alimenta es la pereza, te pones tiritón y las ganas de monte y rueda se quedan encogidas, no despuntan.

Y entretanto llegan las lluvias: lentas, pesadas, pastosas, grises. Días breves y húmedos en los que ni llueve ni deja de llover, hasta que parece que se decide el cielo y suelta un circunspecto remojón, y después otra vez se indecide: siguen las neblinas, el aire mojado, y la noche llegando antes de que se la espere. Un día si y otro también.

Hasta que llega un día como este. ¡Qué sol!, glorioso, sales a la calle y tanta luz te extraña, y en los valle se revientan las neblinas con ganas de resarcirse. Llevamos llovidos en lo que va de mes 60 litros por metro cuadrado, no es ninguna burrada, pero es que ha llovido más días que no, y el agua ha llegado perezosa y desmayada, y ha cundido. Así que, pudiendo, me he ido a correr en bici.

Un excepcional día como el de hoy: sol, otoño, y recién llovido, no se me ocurre mejor lugar para el BTT que el Riu de les Corces. Cómo siempre las fotos no le hacen justicia, podéis probarlo y sentiros profundamente afortunados, si no tendréis que conformaros con las fotos.